Primero ordenar. Después crecer.
Casi todo el mundo empieza por el final: monta la web, abre el perfil en redes y se pone a buscar pacientes. Y funciona a medias, porque la consulta que los recibe todavía no está lista para sostenerlos.
Cinco movimientos, y una vuelta al principio
Los cuatro primeros son el método. El quinto es el que hace que no se quede en buenas intenciones. Y cuando cambias de tarifas, de local o de tipo de paciente, se vuelve al primero.
Ordenar
Tarifas, horarios, política de cancelaciones, contrato con el paciente y papeleo del alta. Suena a lo menos emocionante y es lo que más consultas hunde: cobrar poco, no cobrar las ausencias y no saber qué se ofrece exactamente.
Que te encuentren
De dónde llega de verdad tu paciente. Casi nunca es de donde crees. Se mide primero y después se refuerza la vía que ya funciona: derivadores, colegas, reputación local y presencia digital, por ese orden.
Que se queden
La primera visita, el encuadre y la adherencia. La mayoría de consultas no tienen un problema de captación sino de abandono: pacientes que vienen dos veces y desaparecen. Arreglar eso vale más que duplicar la publicidad.
Que salgan los números
Ocupación real, previsión de ingresos, gastos y fiscalidad. Cuántas sesiones necesitas a la semana para vivir de esto, cuántas haces ahora y qué distancia hay entre las dos cifras.
Que se sostenga
Todo lo anterior, montado dentro de la herramienta: tus servicios, tus tarifas, tu agenda con recordatorios y un cuadro de mando que se revisa en media hora al mes. Un método que hay que sostener a pulso se abandona en tres semanas.
Nada de esto se aprende viendo vídeos. Cada módulo termina con una tarea sobre tu consulta real: revisar tus tarifas, contar de dónde vinieron tus últimos veinte pacientes, calcular tu ocupación de la semana pasada.
El módulo siguiente empieza revisando qué salió. Si has hecho la tarea tienes datos propios sobre los que decidir; si no, tienes la misma intuición con la que llegaste.
La diferencia entre una consulta que sostiene y una que no rara vez está en el talento clínico. Está en cuatro o cinco decisiones de gestión que nadie te enseñó a tomar.
Las supervisiones son en grupos pequeños y en directo, porque los números de cada consulta son distintos y las respuestas genéricas no sirven de nada.
Lo que casi todo el mundo pregunta antes de matricularse
P01 ¿Esto es un curso de marketing?
No. El marketing es una parte, y no la primera. Antes están las tarifas, el encuadre y la adherencia, que es donde se pierde más dinero en una consulta.
P02 ¿Sirve si acabo de colegiarme y no tengo pacientes?
Sí, y es el mejor momento: montas la consulta bien desde el principio en vez de tener que deshacer cosas después. Lo que no puede ser es que aún no tengas la habilitación sanitaria si vas a ejercer clínica.
P03 ¿Y si ya llevo años con la consulta abierta?
También. El bloque de números suele ser el que más sacude a quien lleva tiempo: descubrir las horas reales que echas fuera de sesión cambia las tarifas de un mes para otro.
P04 ¿Hace falta ser psicólogo?
El programa está pensado para psicología sanitaria y clínica. Otros profesionales del acompañamiento con consulta propia pueden aprovecharlo, aunque los ejemplos y el marco legal son los de la psicología en España.
P05 ¿Cuánto tiempo necesito a la semana?
Entre dos y tres horas: una de contenido grabado y el resto para la tarea, que la haces sobre tu propia consulta y no sobre casos inventados.
P06 ¿Va incluida la herramienta?
Sí, y no como regalo suelto: el quinto módulo consiste precisamente en montar tu consulta dentro del CRM, que puedes usar sin coste durante los tres meses de prueba.
P07 ¿Tengo que usar vuestra herramienta a la fuerza?
No. El método funciona con una hoja de cálculo si te apañas con ella. El quinto módulo te ahorra montarlo a mano, pero lo aprendido en los cuatro primeros es tuyo lo uses donde lo uses.
P08 ¿Emitís certificado?
Sí, al completar el programa. Es un título propio de la escuela, no una titulación oficial homologada ni acreditada por ANECA, y así consta en el certificado.
Una carta cada quince días
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